Formación en consumo responsable antes de pensar en dinero.

 

No es lo mismo querer contribuir con el medio ambiente, que contribuir con el medio ambiente; hay una brecha gigante entre la intención y el comportamiento. Son numerosas las investigaciones científicas que estudian por qué las personas no pueden llegar al hecho y lo que hay que saber es que habrá condiciones inexplicables.

La complejidad aumenta cuando llevamos estas decisiones de contribución con el medio ambiente a nuestro trabajo y tenemos que decidir entre todos qué hacer, cómo empezar, con quiénes podríamos contar, por cuánto tiempo tendríamos que ejecutar o si sería una eterna participación. Por ello, se debe de centrar en una actividad específica y que de preferencia tenga una coherencia con el ADN de la empresa. En ese sentido, estamos explicando el sentido de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) con respecto al medio ambiente y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), específicamente el objetivo 12, de producción y consumo sostenible. 

Mostramos un modelo de objetivos de esta ODS que podéis realizar.

 

Quienes investigamos en esta área, y desde la perspectiva de cómo se suele comportar el consumidor, materia de estudio de los profesionales en sostenibilidad, sabemos que hay una deficiencia en el conocimiento de lo que es el consumo responsable, también conocido como consumo sostenible. 

Esto quiere decir que, a partir de la información y conciencia reflexiva, los consumidores buscarán integrar a la sociedad, el ambiente y la ética en sus decisiones. El reto surge cuando las empresas comunican sus acciones sociales con un vago sentido de transparencia y coherencia por el simple hecho que desconocen cómo hacerlo. No se les señala, esto es un proceso, en el que como en la gran mayoría, la práctica hará la perfección.

¿Por dónde debiéramos comenzar? Como primer paso, se debe empezar con proporcionar información a todos: consumidores y empresas. Es decir, se puede tener la visión que una empresa empiece realizando actividades sociales que inciten al consumidor a que colaboren apoyando alguna causa social. Sin embargo, también se podría tener a un consumidor que demande actividades sociales a la marca o se incline por aquellas que ya lo hacen. Entonces, dada su preferencia por las marcas verdes, reforestación de bosques, retirada de residuos en el campo, etc., basará sus compras en ellas dejando de comprar las otras; lo cual haría que estas empresas que no hacen dichas actividades terminen realizando alguna a causa de la presión que ejercieron los poderosos consumidores. ¡Es un círculo!

A la par, se puede ir contextualizando problemas sociales que encaje con las actividades de la empresa, a esto se le denomina encaje de la causa social. Este es un concepto que pocos lo conocen, aunque suene algo lógico, pero muy poco aplicado.

En seguida, se debe de considerar en qué parte de la cadena de producción hasta la puesta del producto en el punto de venta o distribución se concentrarán la o las actividades. Y aquí, se muestran más complejidades de las que se pueden contextualizar.

Finalmente, no se debe de dejar de lado la capacidad de gasto del consumidor ante estos productos. Por el contrario, ya se está dejando de lado la relación que se tenía con que los productos orgánicos son productos caros; más bien esto da oportunidad a que los productores puedan organizarse para acercar sus propuestas a estos requerimientos. Aún hay muchas inversiones no solo de dinero, sino de conocimiento por realizar.

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