• Francisca Molina Herrador

La ética puede marcar la diferencia en el lugar de trabajo.



Fomentar la ética en el trabajo es una acción que puede contribuir a mejorar los resultados de una empresa, entérate como.


El fomentar la ética en el trabajo se ha constituido en los últimos años como una acción elemental por parte de las organizaciones. Sin embargo, aunque muchos de nosotros reconocemos su importancia —comenta la Dra. Laura Parks-Leduc, profesora de gestión en la Universidad James Madison, para B The Change—, resulta realmente difícil enseñar a tomar decisiones que tengan un impacto real.

¿Tiene propósito fomentar la ética en el trabajo? Un análisis sobre los programas para fomentar la ética en el trabajo revela que muchos no producen resultados, y aunque algunos tienen un efecto positivo, a menudo es pequeño. Pero la respuesta no es dejar de impartirla. Si se lleva a cabo con eficacia, esta proporciona al personal un importante conjunto de habilidades que pueden alejarlos —tanto a ellos como a las organizaciones— de los problemas. En un mundo cada vez más complejo, y esto nunca ha sido más importante. La buena noticia es que las indagaciones también apuntan a que dichos programas acarrean prácticas mejores y más claras. A continuación te describimos y explicamos cómo esto puede ayudar a una empresa mantenerse en el camino de la ética.

¿Qué es la ética empresarial? La ética es el estudio de lo que se considera correcto o incorrecto según los individuos y la sociedad. Al hacerla un campo de aprendizaje en el ámbito laboral, se enseña a las personas a tomar decisiones en las cuales exista un componte ético: situaciones en las que se propicien algunas resoluciones, comportamientos o consecuencias que podrían evaluarse como buenas o malas.


Algunos ejemplos son:

Un vendedor que proporciona información falsa o engañosa sobre un producto para cerrar un trato.
Un ejecutivo que presenta una contabilidad “creativa” para que la situación financiera de la empresa parezca mejor.
Un equipo de una empresa que decide verter los residuos medioambientales de esta en la propiedad (o peor, en el río local) en lugar de pagar por el almacenamiento y/o la mitigación adecuados.

En cada una de los escenarios, Selezziona Consultoria como Consultoria externa evaluo dichos comportamientos como incorrectos porque violan las normas sociales pertinentes, causan daño o perjudican de alguna manera a otro individuo o grupo.


Por qué son difíciles la ética y su formación

Fomentar la ética en el trabajo es complicado porque en muchos casos, una elección, un comportamiento o un efecto concreto posibilitan buenos resultados para algunas personas y malos para otras.

Por ejemplo, el gerente que falsifica los registros financieros puede recibir una mayor bonificación de fin de año porque la empresa parece ir bien. Esto es conveniente para el directivo, pero podría perjudicar a la corporación y a sus propietarios.

En el caso del despilfarro medioambiental, la decisión beneficia a la compañía al ahorrar dinero pero agrede al planeta y a los miembros de la comunidad local.

Ante estas consecuencias mixtas, los individuos y las organizaciones deben determinar cómo priorizar las opciones cuando no hay una que sea equitativa para todas las partes implicadas.


Nos encontramos con este tipo de acciones todo el tiempo en nuestra vida personal. Tal vez escojamos un restaurante para cenar (o planifiquemos unas vacaciones, o seleccionemos una película para ver) cuando los integrantes de la familia o amigos tienen preferencias contrarias.

Pero elegir puede ser aún más difícil en situaciones de trabajo, cuando las oportunidades de ganar (y los riesgos de perder) suelen ser sustanciales. Debemos preparar a nuestro personal para el reto de comportarse frente a estas problemáticas pues hay mucho en juego de no fomentar la ética en el trabajo.


7 mejores prácticas para la formación ética


1. Incluye el debate

Algunas formaciones son autoguiadas, es decir, los empleados las realizan a su propio ritmo y a menudo de forma individual. Esto puede ser útil para algunos tipos de aprendizaje: por ejemplo, un programa técnico.

Pero en el caso de fomentar la ética en el trabajo, obtendrás mejores resultados si el personal discute sus puntos de vista entre ellos y con un instructor.

Expresar las opiniones sirve porque diferentes personas tienen diversas posturas. Escuchar cómo se aborda un problema de manera distinta, fomenta tanto la reflexión como la toma de perspectiva.

Cuando se piensa en una situación desde varias perspectivas, hay más sensibilidad por lo que se reflexiona más sobre cómo sus decisiones o comportamientos afectan a otro individuo o grupo.


2. Hazlo de forma continua

Los programas de formación más cortos y repartidos a lo largo del tiempo suelen ser más eficaces que los prologandos. Puedes considerar una hora mensual de “debate ético” en lugar de una sesión de formación de un día.


La exposición repetida recuerda a los participantes la importancia y relevancia del tema. Si se discute una vez y nunca más, resulta fácil descartar el contenido como irrelevante para la vida laboral diaria.


3. Utiliza actividades aplicadas y basadas en casos

Evita las conferencias abstractas. Considera la posibilidad de plantear dilemas éticos reales a los que la empresa (o el sector) podría enfrentarse, de modo que el debate se base en la vida de los empleados y en sus experiencias compartidas.

A continuación, habla de las formas de abordar el suceso y de las implicaciones éticas de los diferentes enfoques. Esto permite a los participantes trabajar con posibles dilemas éticos antes de experimentarlos. Lo ideal es que se trate de un debate abierto de ideas, y no que el instructor diga a los participantes lo que tienen que hacer.


4. Varía las aplicaciones

Como parte de la formación, deja que el personal practique sus habilidades de razonamiento ético en diferentes contextos y situaciones. Una variedad de casos ayuda a desarrollar habilidades de razonamiento.


5. Demuestra que los ejecutivos les importa

La preocupación por el comportamiento ético y la toma de decisiones éticas tiene que ser una prioridad entre los dirigentes.

Deben hablar de ética, abordar las preocupaciones y modelar el comportamiento apropiado para los demás. Los especialistas en materia muestran que el “tono en la cima” realmente influye en el comportamiento en los otros niveles jerárquicos.

La cultura de su corporación puede tener un enorme impacto en el comportamiento, para bien o para mal.


6. Proporciona un marco

Ofrece a los participantes un marco sencillo y fácil de entender para utilizarlo sistemáticamente. Por ejemplo, un mantra como: “No hagas nada que te haga quedar mal a ti o a la organización si terminas en la portada del periódico”.

O podrías hacer referencia a los valores de la empresa y enfatizar la importancia de tomar decisiones consistentes con ellos.


7. Da prioridad a la simplicidad sobre la filosofía

Los cursos tradicionales de ética tienden a incluir una inmersión profunda en los diversos enfoques filosóficos, con discusiones sobre las diferencias entre el utilitarismo y la virtud, por ejemplo.

Lo cual llega a ser abrumador y la gente pierde el interés antes de que llegue a la parte interesante, que es cómo aplicarlas en situaciones reales. También pueden parecer oscuras y desconectadas de la realidad. Mantén la sencillez.


Para aplicarlo, incentivan a los/as trabajadores/as a que se cuestionen algunos puntos cuando se encuentren en una situación con implicaciones éticas. Esto los anima a reflexionar, en lugar de simplemente reaccionar, lo que debería conducir a una mejor toma de decisiones.

Cada una de las interrogantes está identificada con una sola palabra, para ayudar a recordarla:

  1. La equidad: ¿Cómo puedo actuar de forma equitativa y equilibrar los intereses legítimos?

  2. Resultados: ¿Qué es lo que consigue los mejores resultados a corto y largo plazo para mí y para todos los demás?

  3. Responsabilidades: ¿Qué deberes y/o obligaciones se aplican? ¿Cuál es mi responsabilidad ante mi jefe? ¿Con mi organización? ¿Con mis clientes? ¿Mis compañeros/empleados? ¿Con el medio ambiente? ¿La sociedad?

  4. El carácter: ¿Qué acciones reflejan mejor quién soy y la persona en la que quiero convertirme?

  5. Libertad: ¿Cómo se aplica el respeto a la libertad, la autonomía personal o el consentimiento?

  6. Empatía: ¿Qué haría si me importaran profundamente las personas implicadas?

  7. Autoridad: ¿Qué esperan de mí las autoridades legítimas (por ejemplo, los expertos, la ley, mi religión o Dios)?

  8. Derechos: ¿Qué derechos (por ejemplo, innatos, legales, sociales) se aplican?

Las investigaciones sugieren que este esfuerzo está funcionando. Una encuesta realizada a los/as trabajadores/as de último año reveló que aquellos que habían estado más expuestos a las ocho preguntas clave también respondían de forma más ética a los escenarios.


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Fuente: Spok



Francisca Molina Herrador

CEO Selezziona Consultoria

Experta en Ética y RSE



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